La insolencia de los que detentan el poder, su soberbia, egoísmo y exclusión son procesos típicos humanos que se repiten a lo largo de la historia, es una lastima observarla por estos días de tan cerca. Muchas veces vemos como personas integrantes de una comunidad nos comportamos como si no existiese nada más, como si solo nuestros planteamientos o razones deben marcar o mostrar el único camino, olvidando un detalle crucial, somos humanos, por ende somos imperfectos. Los imperfectos nos equivocamos, cometemos errores y afectamos el entorno con nuestras acciones. Vivimos tan deprisa que no nos detenemos a evaluar que hacemos bien y que no, siempre que consigamos nuestros más férreos deseos, así nos comportamos la mayoría de las veces, como chiquillos sin educación que necesitan de vez en cuando un jalón de orejas o una pequeña advertencia de sus padres para enderezar el camino y no hacer berrinches.
Cuando Adán comió el fruto prohibido, su equivocación radico no solo en la soberbia de creerse capaz de adquirir el poder de Dios, o dejarse llevar por los deseos de Eva, sino en rebelarse contra una indicación de su creador, en pocas palabras, se rebelo contra su Padre, en solo la única cosa que Él le había pedido: no te aproximes al arbol del conocimiento y comas libremente su fruto. El rescate filosófico y doctrinal de ese hecho es que el Padre se dirigió a Adán para decirle, te pido que antes de elegir entre lo bueno y lo malo, por favor consultame, sabemos como termina, no le consultó. Y de allí parten una serie de hechos que llevan a la humanidad, a vivir una y otra vez situaciones que nos permitan redimirnos de ese error cometido, no consiguiendolo, hasta la presencia en la Tierra de Jesús, Nuestro redentor que, siendo Dios, se hizo hombre con la finalidad de limpiar nuestras culpas y permitirnos reiniciar un nuevo camino hacia la Salvación.
El problema es que hoy por hoy, hemos perdido el Temor de Dios y nos hemos auto excluido de esa ya mitificada para algunos Salvación y por nuestra propia elección y completa soberbia pretendemos comportarnos como que a nadie debemos rendir cuentas y que todo podremos solucionarlo con nuestro esfuerzo, formación ideológica, dinero y/o cantidad de poder que detentemos. Humanamente quizás la meta de muchos sea militar en un partido político, ser gerente en una empresa, acumular posesiones, ser un artista reconocido o simplemente convertirse en el dirigente de una nación entera con toda la responsabilidad implícita en este acto.
Cuando perdemos el Temor de Dios, el saber que existe un Ser Supremo que allí esta para ser tomado en cuenta, alabado y honrado con nuestra vida y nuestros actos, ya que somos su creación, en ese mismo instante estamos a merced del mal, porque el mal puede obrar ante la ausencia del bien y el bien es simplemente el amor de Dios, tenerlo en cuenta en nuestro día a día y seguir sus mandamientos. Cada vez que veo un hecho violento, que observo a un personaje político actuar en forma excluyente, burlista o incluso retadora, cada vez que observo como una crisis que afecta a mas de 27 millones de almas, no es tomada en cuenta por los responsables de un pueblo, ya que se empeñan en establecer sus proyectos y no voltean a mirar las emociones y sentires de toda una nación. Irremediablemente concluyo que el factor de mayor incidencia en esas acciones es simplemente: La Ausencia de Dios en sus vidas.
Quien tiene a Dios como norte, no negocia con el diablo, quien cree que son patrañas y cuentos la existencia de Dios, comunistas obsoletos que por solo recomendaciones técnicas se autodenominan revolucionarios cristianos, termino incoherente, y no le temen a las consecuencias de sus actos, igualmente deberán enfrentar su juicio personal ante El Señor y no deben olvidar que: A quien mucho se le da, mucho se le exigirá. Con la vara que midas, seras medido.
Debemos vivir con la mirada hacia Dios, no debemos olvidar el sacrificio del cordero y el compromiso que asumió por nosotros, por nuestra liberación. Él esta allí, aunque no lo creamos, apartarnos de Sus mandatos es simplemente condenar nuestra existencia.
El tiempo de Dios es perfecto y Dios esta con la verdad, no es un Dios de mentiras y engaños.
