Cuentan las escrituras sagradas cristianas un evento de importancia digamos parcial para el momento de la narrada Resurrección de Jesús El Cristo, este, no es otro que la duda, diríamos hoy día razonable, que le surgió al apóstol Tomás, seguidor del Maestro, uno de los doce elegidos, con respecto a su vuelta a la vida, al hecho de vencer la muerte de Cruz.
El apóstol en cuestión dice, según nos relata el evangelio de Juan: "Si no veo en sus manos la marca de los clavos, si no meto el dedo en el lugar de los clavos, y la mano por su costado, no creeré", esto lo decía en referencia a Jesús en una reunión con los otros apóstoles que le insistían que El mismo había resucitado y ciertamente Tomás aún no le había visto, dudaba, era humano, lo vio morir, o supo de su muerte, no podía creer en su resurrección porque ese no era un evento común, la gente muere y no vuelve a la vida, pensaría.
Sin embargo es notable que siendo Tomás de sus seguidores más cercanos, seguramente habrá visto tantas obras realizadas por Jesús cuando estaba en vida, entre ellas, la resurrección de Lázaro, ¿Por que le costaba creer?, ¿Por que nos cuesta creer hoy?. Es parte del misterio de Dios, es un misterio su Kerigma, su muerte, su Resurrección, es una cuestión de Fe.
Pero Jesús le tenia reservada una experiencia personal y mística, porque ocho días después de esa duda, se le apareció al propio Tomás ante los otros y le dijo: "Mira mis manos y toca mis heridas, extiende tu mano y palpa mi costado, en adelante no seas incrédulo, si no hombre de Fe." A lo que Tomás de rodillas al piso le contesto: "Señor Mio, Dios Mio." Notable acierto, lo reconoce como su Dios, como su Señor, El Kyrios.
Creyó al ver, dichosos los que creen sin haber visto, frase acuñada para la historia, que proviene de los labios de Jesús. Un día como hoy, ¿Creemos porque vemos, necesitamos ver para creer?. La Fe es una virtud dada por Dios, es un don, pero es cierto que a veces simplemente dejamos a un lado las cosas de Dios porque nos resulta penoso, porque encara nuestros actos, porque su mandato cuestiona nuestras vidas. ¿Por que elegimos entonces? ¿En que se basa nuestra libertad además de la consabida inteligencia y voluntad? Cuando es coartada esa libertad vamos derecho a un proceso alienante y decimos que la Fe nos condiciona, pero no es cierto que, al no querer o aceptar creer, desviamos nuestra mirada hacia otros derroteros quizás llenos de mentiras disfrazadas de verdades.
Somos Tomás, somos como el, con su duda, más el camino a la santidad esta lleno de tropiezos y noches oscuras, debemos levantar la vista, pensar, amar y creer. Dichosos nosotros porque creemos sin haber visto, eso dijo el Señor.

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